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Rosario del pésame


Acompañamiento a la Virgen Dolorosa


El Viernes Santo se acompaña a María en la experiencia de recibir en brazos a su Hijo muerto con un sentido de condolencia. Se dice que se le va a dar el pésame a la Virgen, cuya imagen se viste de negro ese día, como señal de luto.

Acompañamos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo amado.
Ha presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe.

María vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.

Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos del dolor, en los sufrimientos diarios y pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella y comprendamos que en el dolor, somos más parecidos a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.

La imagen de la Virgen dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufrimientos.

Se le puede cantar a la Virgen la siguiente canción:
En el sufrimiento
supiste callar,
y junto a tu hijo
enseñas a amar.

Un Viernes Santo, con gran dolor,
sufre en silencio junto al redentor;
desde esa hora, hora de cruz
es nuestra Madre, nos la dio Jesús.

O alguna como éstas:

 

Los Siete Dolores de María Santísima
"Y a ti, Madre, una espada de dolor te atravesará el corazón..." (Lucas 2, 35)

Quién ama sufre con el amado. Nadie ama a Jesús mas que Su Madre Santísima y por eso nadie sufre mas por amor a El.

Devoción
Siempre los cristianos han aprendido de la Virgen a mejor amar a Jesucristo. La devoción a los Siete Dolores de la Virgen María se desarrolló por diversas revelaciones privadas.

La Virgen comunicó a Santa Brígida de Suecia (1303-1373):
"Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos.
Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios."


Nuestra Señora prometió que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:
1. "Yo concederé la paz a sus familias."
2. "Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios."
3. "Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»
4. "Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas."
5. "Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas."
6. "Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.
7. "He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno."
Según San Alfonso María Ligorio, Nuestro Señor reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima:
1. Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta detodos sus pecados.
2. Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la hora de su muerte.
3. Imprimirá en sus mentes el recuerdo de Su Pasión y tendrán su recompensa en el cielo. 
4. Encomendará a estas almas devotas en manos de María, a fin de que les obtenga todas las gracias que quiera derramar en ellas.
Meditar los siete Dolores de Nuestra Madre Santísima es una manera de compartir los sufrimientos más hondos de la vida de María en la tierra.

La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz. Al pie de la Cruz, donde una espada de dolor atravesó el corazón de María, Jesús nos entregó a Su Madre como Madre nuestra poco antes de morir. En respuesta a esta demostración suprema de Su amor por nosotros, digamos cada día de nuestras vidas: "Sí, Ella es mi Madre. Jesús, yo la recibo y Te pido que me prestes Tu Corazón para amar a María como Tú la amas."


ROSARIO DE LOS 7 DOLORES
Se reza un Padrenuestro y siete Ave Marías por cada dolor de la Virgen. Al mismo tiempo le pedimos que nos ayude a entender el mal que hemos cometido y nos lleve a un verdadero arrepentimiento. Al unir nuestros dolores a los de María, tal como Ella unió Sus dolores a los de su Hijo, participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo entero.

Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico Tu perdón y por medio de Tu gracia, concédeme ser verdaderamente merecedor de Tu amor, por los méritos de Tu Pasión y Tu muerte y por los dolores de Tu Madre Santísima.
Amén.

(Se aconseja leer del Evangelio las citas que acompañan a cada dolor)
Primer Dolor - La profecía de Simeón (cf. Lucas 2,22-35)
Qué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús.

Querida Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria 

Segundo Dolor - La huida a Egipto (Mateo 2,13-15)
Considera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio.

Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria

Tercer Dolor - El Niño perdido en el Templo (Lucas 2,41 -50)
Qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la Reconciliación.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria 

Cuarto Dolor - María se encuentra con Jesús camino al Calvario
Acércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan triste escena. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron - el dolor de la Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo.

María, yo también quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria 

Quinto Dolor - Jesús muere en la Cruz (Juan 19,17-39)
Contempla los dos sacrificios en el Calvario - uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Triste es el espectáculo de la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: "Madre, he ahí a tu hijo." Y a nosotros nos dijo en Juan: "Hijo, he ahí a tu Madre." María, yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria

Sexto Dolor - María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz (Marcos 15, 42-46)
Considera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo.
Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria 

Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro (Juan 19, 38-42)
¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria

La Madre estaba junto a la cruz
El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María– una espada te traspasará el alma.

En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. 
En efecto, después que aquel Jesús –que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo– hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma.
Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Este murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.

Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración final
Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo.

Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores.
Protégeme siempre. Amén.


Breve ejercicio en honor del Corazón afligido 
de María Santísima

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Gloria

I.Me compadezco de Vos, dolorida María, por aquella aflicción que vuestro tierno corazón sufrió con la profecía de Simeón, cuando os dijo que vuestro corazón sería el blanco de la Pasión de vuestro Hijo. ¡Ohdulcísima Madre mía! por  vuestro afligido corazón, alcanzadme la virtud de la humildad cristiana, y el don del temor santo de Dios. Ave María.

II. Me compadezco de Vos, dolorida María, por aquella inmensa angustia que vuestro sensibilísimo corazón experimentó en el destierro a Egipto.
¡Oh bondadosa Madre mía! por vuestro angustiado corazón alcanzadme la virtud de la liberalidad, especialmente hacia los pobres, y el don de la piedad.
Ave María.

III. Me compadezco de Vos, dolorida Virgen, por aquellos afanes y desvelos que martirizaron vuestro solícito corazón, en la pérdida de vuestro caro Jesús.
¡Oh Madre desolada! por vuestro corazón tan fuertemente agitado, obtenedme la virtud de la castidad y el don de la ciencia.
Ave María.
 
IV. Me compadezco de Vos, dolorida María, por aquel dolor que vuestro maternal corazón sintió, al ver a vuestro amado Jesús, cargado con el pesado madero de la Cruz, y caminando penosamente al Calvario.
¡Oh tristísima Madre! por vuestro amante corazón tan cruelmente despedazado, impetradme del Señor, la virtud de la paciencia y el don de fortaleza.
Ave María.

V. Me compadezco de Vos, dolorida María, por aquel martirio que padeció vuestro generoso corazón al ver a Jesús agonizar y morir clavado en la Cruz. ¡Oh desconsolada Madre! por vuestro corazón horriblemente martirizado, alcanzadme la virtud de la templanza cristiana, y el don de consejo.
Ave María.

VI. Me compadezco de Vos, dolorida María, por aquella dolorosa herida que recibió vuestro piadoso corazón con la lanzada que despedazó el sagrado costado de Jesús y atravesó su amante corazón.
¡Oh querida Madre! por vuestro corazón traspasado, obtenedme del Señor la virtud del amor fraternal y el don de la inteligencia.
Ave María.

VII. Me compadezco de Vos, dolorida Virgen, por aquel desconsuelo que vuestro amantísimo corazón experimentó en la sepultura de Jesús.
¡Oh desamparada Madre mía! por vuestro corazón, en extremo afligido, alcanzadme del Señor la virtud de la diligencia y el don de Sabiduría.
Ave María.

ANTÍFONA 
Habiendo visto Jesús a su Madre que estaba junto a la Cruz, y al discípulo amado, dijo a su Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”.
V. ¡Oh Reina de los Mártires! ruega por nosotros.
R. Que estuviste junto a la Cruz de Jesús.

ORACIÓN
Dios en cuya pasión la espada de dolor, según la profecía de Simeón, traspasó la dulcísima alma de la gloriosa Virgen María, tu Madre, concédenos por tu bondad, que los que con veneración celebramos la memoria de tu pasión y transfixión, consigamos los frutos dichosos de tu pasión, por los gloriosos méritos e intercesión de todos los que fielmente asistieron al pie de la Cruz. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unión con el Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Así sea.


LETANÍAS DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad y un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Santa María Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios Ruega por nosotros
Santa Virgen de las Vírgenes Ruega por nosotros
Madre crucificada Ruega por nosotros
Madre dolorosa Ruega por nosotros
Madre lacrimosa Ruega por nosotros
Madre afligida Ruega por nosotros
Madre abandonada Ruega por nosotros
Madre desolada Ruega por nosotros
Madre privada de Hijo Ruega por nosotros
Madre traspasada por la espada Ruega por nosotros
Madre abrumada de dolores Ruega por nosotros
Madre llena de angustias Ruega por nosotros
Madre clavada a la cruz en su corazón Ruega por nosotros
Madre tristísima Ruega por nosotros
Fuente de lágrimas Ruega por nosotros
Cúmulo de sufrimientos Ruega por nosotros
Espejo de paciencia Ruega por nosotros
Roca de constancia Ruega por nosotros
Ancora del que confía Ruega por nosotros
Refugio de los abandonados Ruega por nosotros
Escudo de los oprimidos Ruega por nosotros
Derrota de los incrédulos Ruega por nosotros
Consuelo de los míseros Ruega por nosotros
Medicina de los enfermos Ruega por nosotros
Fortaleza de los débiles Ruega por nosotros
Puerto de los náufragos Ruega por nosotros
Apaciguadora de las tormentas Ruega por nosotros
Auxiliadora de los necesitados Ruega por nosotros
Terror de los que incitan al mal Ruega por nosotros
Tesoro de los fieles Ruega por nosotros
Inspiración de los profetas Ruega por nosotros
Sostén de los apóstoles Ruega por nosotros
Corona de los mártires Ruega por nosotros
Luz de los confesores Ruega por nosotros
Flor de las vírgenes Ruega por nosotros
Consuelo de las viudas Ruega por nosotros
Alegría de todos los Santos Ruega por nosotros
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ten piedad de nosotros.

Oración
Oh Dios, en cuya Pasión fue traspasada de dolor el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según la profecía de Simeón; concédenos propicio, que cuantos veneramos sus dolores y hacemos memoria de ellos, consigamos el feliz efecto de tu sagrada Pasión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén


Oración a Jesús en Getsemaní



Señor de Getsemaní y del Calvario, tu Nombre y tu Rostro ansío y adoro.
Permíteme estar junto a Ti y aprender de Ti la ciencia de la Sabiduría verdadera,
y el único amor de los amores verdadero.

Perdona mi debilidad y mi pereza. Robustéceme y visítame con tu gracia.
Hazme de corazón prisionero y deudo de tu Santa Agonía.
Ayúdame a beber el cáliz de mi limitación,
el cáliz de que las cosas, las personas y yo mismo somos como somos
y no como nos gustaría y deberíamos ser.

Enséñame, Señor de Getsemaní y del Calvario, a buscar la voluntad del Padre.
Hazme fiel y entregado a la misión que tu Providencia y tu Iglesia me han confiado.
Que no escatime ni tiempo, ni entrega, ni amor, ni perdón, ni misericordia.
Que halle la sabiduría precisa para hacer bien las cosas
y que entonces sepa descubrir de Quien es el mérito y la obra.

Muéstrame tu rostro ensangrentado y glorioso
y haz que sepa reconocerlo y servirlo en los que sufren y lloran,
en los pobres, en los enfermos, en los ancianos, en los necesitados.
Señor de Getsemaní y del Calvario, tu Nombre y Tu Rostro necesito y reclamo.

Jesús, mírame tú también a mí y muéstrame la dulzura de tu Faz.
Mira a mis gentes, a mis afanes y servicios
Que ya sabes, Señor de Getsemaní y del Calvario, lo que te pido.
Mira a nuestro mundo, vano y tan autosatisfecho.
¿Tan difícil es ser cristiano?
¿O tan difícil lo hacemos los cristianos?
¿Cuándo va a transformarnos de verdad tu Pasión y tu Pascua?

Mira a tu Iglesia: a sus pastores, a sus consagrados y a sus fieles.
Hazla cada día más digna de Ti
y más creíble en medio de un mundo alocadamente descreído y pagano.

Señor de Getsemaní y del Calvario, tu Nombre y Tu Rostro busco e imploro.
Tu oración de sudor, de angustia y de sangre,
la traición de Judas, el sueño descuidado e irresponsable de los Apóstoles,
la negación de Pedro, la farsa del Juicio Religioso de aquella noche,
la cobardía de Pilatos, la frivolidad de Herodes,
el clamor insensato y homicida del pueblo, la sentencia capital y letal,
la flagelación y la coronación de espinas, el Vía Crucis del mayor dolor,
la crucifixión y la muerte. ¡Tú Muerte, oh Dios de la vida!,
tu Descendimiento y Sepultura, tu Madre Dolorosa y Afligida
-nuestra Madre de la Soledad y de la Esperanza-,
no son solo memoria viva de la historia,
testimonios irrefutables del Amor más grande.

Son presencia y realidad mía y nuestra, de ayer, de hoy y mañana.
Sigue siendo Viernes Santo en nuestro mundo.
El lagar del aceite sigue manando sudor y sangre.
Enséñanos, Señor de Getsemaní y del Calvario, el secreto de tu Pasión
y haz que complementemos en nosotros lo que a ella le falta.
El alba del tercer día despunta también en nuestros horizontes
Pero solo lo hará desde el servicio, la cruz y el amor extremos,
como Tú, Señor de Getsemaní y del Calvario.
De tu Sangre derramada, brotará el más bello arco iris
como signo de la misericordia divina.

Mírame, míranos, Señor de Getsemaní y del Calvario
Infunde y refleja la Luz de tu Rostro tan amado y tan anhelado
a través de la luna, de la primera luna llena de la primavera. Amén.

Mi Preciosísimo Señor Jesús, esta noche te reuniste con tus apóstoles para compartir con ellos tu última cena. Pero esta no fue una cena cualquiera. Fue el don de tu Santísimo Cuerpo y Sangre, que pronto serían entregados y derramados en la Cruz para la salvación del mundo.

Señor, permíteme pasar esta noche en oración y meditación contigo. Después de la comida, invitaste a tus apóstoles a acompañarte durante una hora, a permanecer despiertos y vigilar mientras te preparabas para tu arresto. Los apóstoles se durmieron, dejándote solo en tu amarga agonía.

Acepto tu dulce invitación de amor, querido Señor, para pasar esta noche en vigilia contigo. Que pueda entrar en tu Corazón tal como afrontabas la persecución que ibas a sufrir por mis pecados. Que pueda consolar tu Sagrado Corazón y conocer el amor y la misericordia que de él emanaban.

Señor, cuando me enfrente a las dificultades de mi vida, dame tu valentía y fortaleza divinas para decir «Sí» a la voluntad del Padre. Tu amor por mí es abundante y perfecto en todo sentido. Ayúdame a conocer ese amor, a acogerlo y a permitir que entre en mi vida.

Esta noche, Señor, velaré contigo. Te amo; ayúdame a amarte con todo mi corazón. Jesús, en ti confío.

Oraciones para Semana Santa


¡Hosanna!

Alaba a Dios como lo hacen los ángeles (Isaías 6,3), con las palabras (inspiradas en el salmo 117) que usaron las multitudes para aclamar a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén (Mateo 21,9). Los católicos rezan esta oración en cada Misa y es posible que Jesús cantara una parte de ella en la Última Cena.

"Santo, Santo, Santo es el Señor: Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en las alturas".


Salmo 94

Ponle palabras a tu adoración con el salmo 94. Así lo hacen muchas personas que rezan la Liturgia de las horas, la oración diaria de la Iglesia que marca los tiempos de cada día.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras"

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso".


3 Pange lingua

Adora la Eucaristía con este himno escrito por santo Tomás de Aquino. En muchas iglesias resuena el Jueves Santo al final de la Misa de la Cena del Señor.

Canta, oh lengua, el glorioso
misterio del Cuerpo
y de la Sangre preciosa
que el Rey de las naciones
fruto de un vientre generoso
derramó en rescate del mundo.

Nos fue dado, nos nació
de una Virgen sin mancha;
y después de pasar su vida en el mundo,
una vez propagada la semilla de su palabra,
terminó el tiempo de su destierro
dando una admirable disposición.

En la noche de la Última Cena,
sentado a la mesa con sus hermanos,
después de observar plenamente
la ley sobre la comida legal,
se da con sus propias manos
como alimento para los doce.

El Verbo encarnado, pan verdadero
por su palabra hace su carne,
y el vino puro se convierte en la Sangre de Cristo.

Y aunque fallan los sentidos,
solo la fe es suficiente
para fortalecer el corazón en la verdad.

Veneremos, pues,
postrados a tan grande sacramento;
y la antigua imagen ceda el lugar
al nuevo rito; ¡La fe reemplace la incapacidad de los sentidos!

Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y gloria, fortaleza, honor,
poder y bendición;
una Gloria igual sea dada a
Aquel que de uno y de otro procede.
Amén.

4 “Dios mío, por qué me abandonaste”

Háblale al Padre con estas palabras que Jesús gritó en la cruz poco antes de morir. Son la primera frase del salmo 22, un clamor que va desde la angustia por la persecución hasta la confianza en Dios y su salvación.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonaste?
¡Las palabras que lanzo no me salvan!
Mi Dios, de día llamo y no me atiendes,
de noche, mas no encuentro mi reposo.

Tú, sin embargo, estás en el Santuario,
de allí sube hasta ti la alabanza de Israel.
En ti nuestros padres esperaron, esperaban y tú los liberabas.
A ti clamaban y quedaban libres, su espera puesta en ti no fue fallida.

Mas yo soy un gusano y ya no un hombre,
los hombres de mí tienen vergüenza y el pueblo me desprecia.
Todos los que me ven, de mí se burlan,
hacen muecas y mueven la cabeza:
"¡Confía en el Señor, pues que lo libre, que lo salve si le tiene aprecio!"

Me has sacado del vientre de mi madre,
me has confiado a sus pechos maternales.
Me entregaron a ti apenas nacido;
tú eres mi Dios desde el seno materno.
No te alejes de mí, que la angustia está cerca,
y no hay nadie que pueda ayudarme.

Me rodean novillos numerosos y me cercan los toros de Basán
Amenazándome abren sus hocicos como leones que desgarran y rugen.
Yo soy como el arroyo que se escurre;
todos mis huesos se han descoyuntado;
mi corazón se ha vuelto como cera, dentro mis entrañas se derriten.

Mi garganta está seca como teja, y al paladar mi lengua está pegada:
ya están para echarme a la sepultura.
Como perros de presa me rodean, me acorrala una banda de malvados. 
Han lastimado mis manos y mis pies.

Con tanto mirarme y observarme
pudieron contar todos mis huesos.
Reparten entre sí mis vestiduras
y mi túnica la tiran a la suerte.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
¡fuerza mía, corre a socorrerme!
Libra tú de la espada mi alma,
de las garras del can salva mi vida.
Sálvame de la boca del león,
y de los cuernos del toro lo poco que soy.
Yo hablaré de tu Nombre a mis hermanos,
en medio de la congregación te alabaré.


5 Coronilla de la Divina Misericordia

Pide misericordia al Padre confiando en la pasión salvadora de su Hijo, con esta repetitiva oración rezada por primera vez por santa Faustina Kowalska. Es tradición hacerlo a las tres de la tarde, hora en que murió Jesús.

Después de rezar un Padrenuestro, un Ave María y un credo, se reza con las cuentas del Rosario:

Al comienzo de cada decena (1 vez):
Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.

En cada cuenta de la decena (10 veces):
Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Al terminar (3 veces):
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

Via Crucis


Acompaña a Jesús en su camino de la cruz reviviendo su pasión y su muerte. Puedes meditar 14 momentos sucedidos en Jerusalén desde el pretorio de Pilatos hasta el Calvario. Al final de cada uno de ellos, llamados estaciones, suele rezarse esta oración:








Stabat Mater

En la Virgen María al pie de la cruz se enfoca esta oración medieval con la que puedes compartir su sufrimiento. Grandes artistas han puesto música e imagen a este sobrecogedor momento de la vida de la Madre de Jesús.

De pie la Madre dolorosa
junto a la Cruz, llorosa,
mientras pendía el Hijo.
Cuya ánima gimiente,
contristada y doliente
atravesó la espada.

¡Oh cuán triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito!
Languidecía y se dolía
la piadosa Madre que veía
las penas de su excelso Hijo.

¿Qué hombre no lloraría
si a la Madre de Cristo viera
en tanto suplicio?
¿Quién no se entristecería
a la Madre contemplando
con su doliente Hijo?

Por los pecados de su gente
vio a Jesús en los tormentos
y doblegado por los azotes.
Vio a su dulce Hijo
muriendo desolado
al entregar su espíritu.

Oh, Madre, fuente de amor,
hazme sentir tu dolor,
contigo quiero llorar.
Haz que mi corazón arda
en el amor de mi Dios
y en cumplir su voluntad.

Santa Madre, yo te ruego
que me traspases las llagas
del Crucificado en el corazón.
De tu Hijo malherido
que por mí tanto sufrió reparte conmigo las penas.

Déjame llorar contigo
condolerme por tu Hijo
mientras yo esté vivo.
Junto a la Cruz contigo estar
y contigo asociarme
en el llanto es mi deseo.

Virgen de Vírgenes preclara
no te amargues ya conmigo,
déjame llorar contigo.
Haz que llore la muerte de Cristo,
hazme socio de su pasión,
haz que me quede con sus llagas.

Haz que me hieran sus llagas,
haz que con la Cruz me embriague,
y con la Sangre de tu Hijo.
Para que no me queme en las llamas,
defiéndeme tú, Virgen santa,
en el día del juicio.

Cuando, Cristo, haya de irme,
concédeme que tu Madre me guíe
a la palma de la victoria.
Cuando el cuerpo sea muerto,
haz que al ánima sea dada
del Paraíso la gloria.
Amén.

8 Secuencia de Pascua

Celebra la resurrección de Cristo con este himno triunfal cantado desde la Edad Media. Se reza en la Misa de Pascua, el domingo y toda la octava.

A la Víctima pascual
ofrezcan alabanzas los cristianos.
El Cordero redimió a las ovejas:
Cristo inocente
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la Vida se enfrentaron
en lucha singular.
El dueño de la Vida, que había muerto,
reina vivo.

Dinos, María,
¿qué has visto en el camino?
Vi el sepulcro de Cristo viviente
y la gloria del que resucitó:
a unos ángeles,
el sudario y los vestidos.

Resucitó Cristo, mi esperanza:
precederá en Galilea a los suyos
Sabemos que Cristo verdaderamente resucitó
de entre los muertos.
Tú, Rey victorioso, ten piedad.
Amén, Aleluya.